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Brecha digital de género



En los últimos años, se produjeron cambios tecnológicos a un ritmo exponencial, en particular en las tecnologías digitales, que impactan en la sociedad y en la economía transformando los sistemas de producción y gestión. La pandemia ha acelerado esta tendencia hacia la transformación digital, constituyéndose como una oportunidad y a la vez un desafío.

Viendo estos avances desde otra perspectiva, pueden impulsar el crecimiento inclusivo y contribuir a potenciar un cambio estructural para una recuperación post pandemia con igualdad de género. Es por esto que, para que las mujeres puedan aprovechar las ventajas de la digitalización, es necesario generar condiciones de igualdad y protección en el mundo digital y oportunidades para el desarrollo de las capacidades y habilidades necesarias en un contexto cambiante.


En este sentido la educación constituye un elemento clave para garantizar la participación plena de las mujeres en la vida económica, política y social en la era digital. No obstante, los sistemas educativos se enfrentan a antiguas y nuevas tensiones para responder a estas demandas y garantizar el derecho a la educación de calidad a lo largo de la vida.

En el ámbito de la tecnología, las brechas de género son múltiples –de acceso, de contenidos, de habilidades o vocacional– y tienen consecuencias que repercuten en toda la sociedad a mediano y largo plazo. Según el informe Gender Snapshot 2022 de ONU Mujeres, la exclusión de las mujeres del mundo digital ha recortado 1 billón de dólares del producto bruto interno de los países de ingresos bajos y medios en la última década, una pérdida que aumentará a 1,5 billones de dólares en 2025 si no se toman medidas.


Además, los datos nos muestran que existe una baja participación de la mujer en la sociedad de la información, tanto en el acceso a las tecnologías de la información y la comunicación como en la profesionalización del sector, y que esta gran desigualdad que se identifica a escala mundial, al contrario de detenerse, ha ido en aumento en los últimos años. Por ejemplo, en la mayoría de los países de América Latina y el Caribe, la proporción de mujeres graduadas de carreras en las áreas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés), no supera el 40%. Los campos más críticos son ingeniería, industria y construcción (con 30,8% de participación de mujeres en la matrícula de educación superior en 2019) y tecnologías de la información y las comunicaciones, TIC, con 18% de participación de mujeres en la matrícula de educación superior en 2019. Se estima que 4 de cada 10 mujeres en las regiones mencionadas, no están conectadas y/o no pueden costear una conectividad efectiva (acceso a Internet, disponibilidad de dispositivos y habilidades básicas para su utilización).

Es por esto que para avanzar hacia la autonomía de las mujeres en la era digital es necesario impulsar la transformación de la educación para una recuperación inclusiva y mejorar la situación de las niñas y las mujeres, especialmente en las áreas STEM así como garantizar los derechos de las mujeres en el ámbito laboral digital. Por otro lado, se deben diseñar sistemas integrales de cuidado universales que promuevan una mayor inclusión digital de las mujeres; disminuir las brechas digitales de género para potenciar la autonomía y la participación de las mujeres; y promover la confianza y la seguridad digitales para las mujeres y las niñas. Lamentablemente, las oportunidades que abre la revolución digital también plantean el riesgo de perpetuar las dinámicas actuales de la desigualdad de género. Las crecientes desigualdades son cada vez más evidentes en el contexto de las habilidades digitales y el acceso a las tecnologías, una brecha digital que deja atrás a las mujeres. Por lo tanto, el desarrollo de una educación digital e inclusiva y una tecnología transformadora constituye un requisito fundamental para un futuro sostenible.


Desde un punto de vista ético, social y económico, la inclusión de la mujer en el sector tecnológico no es una opción, sino una necesidad: primero para contribuir a un desarrollo igualitario de la sociedad, en el respeto de la diversidad y de las personas; y segundo, para contribuir a que el propio sector y la economía aprovechen el enorme potencial existente.


Equipo Editorial,

Atomic32.




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