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Yo no creía que iba a ser adulto

Autor: José Mellado



Tengo unos 4 años, pero esto no lo sé porque no sé contar, ni sé qué son los años, ni tampoco qué es un 4.


Lo que sí sé es que tengo unos shorts y una playera de tirantes. Es posible que sea amarilla, pero la verdad no lo es. O sea, puede que lo haya sido, aunque ahora mismo creo que no, pero eso ahora ya no importa porque yo creo que ya ni es. ¿Qué voy a saber yo si ya pasaron 31 años de eso? Equis.


Ya decidí que me dicen Pepe, tengo 4 años y ando por ahí todo el tiempo. Todo el tiempo. De verdad, todo el tiempo ando por ahí y ya. No sé si eso me hace sentir bien o mal ¿sabes? Trato de recordar si ya decidí también eso pero atrás no hay nada. O sea, en mi ahora mismo de 35 no hay nada más allá de eso, por lo tanto en mi yo imaginado de 4 tampoco. Ámonos.


Ya poniéndome serio, acepto que sí me gusta esto. Nada de escuela, nada de trabajo, puro andar por ahí: Andar por ahí viendo, no entendiendo y viendo más. Ah, ya, cada que cae una gota al charquito, salta una gotita más chiquita y en el agua se forman esas cosas.



Má ¿Por qué me trajiste aquí? ¿Quiénes son esos niños? ¿Por qué la que se llama Ana me muerde y me dice que estoy feo?


No, má, no quiero volver ahí y te lo voy a demostrar llorando cada día que me abandones de nuevo en ese lugar. Esos niños dan miedo. Bueno, ya que los conoces no tanto. Hasta Ana es tolerable ahora. ¿Estos son otros niños? Y otra escuela y otras mamás ¡Maestras! ¡Maestras! Naah ¿Cómo le voy a decir mamá a la maestra? Escucharon mal. Bueno, más burlas, más juegos, más amigos, otras clases, más cartulinas que olvidé y maquetas del castillo de Chapultepec hechas el último día porque se me olvidó avisar. Yo no sé qué es una maqueta, pá, no tenía ni idea de que uno se llevaba largas horas para hacer una decente. Sí, sí. ya aprendí.


Oye, pá ¿Qué crees? No aprendí. ¿Cómo que ya en la secundaria sí tengo que hacerlo yo? La maestra me van a regañar. Mira, otra vez no me regañaron porque tengo buenas calificaciones. Otro año que falto como 20 veces, otro 9.7.


¿Qué es un CBTis? Sí, má, química me gusta, supongo que eso podría ser. O sea, no sé qué es eso que podría ser, pero si tengo que elegir algo, pues química me gusta. Chale, o sea, pues sí está bueno, pero traer bata todos los días por el resto de mi vida no suena tan chido. Además Alfredo ya está grande y estudió diseño gráfico. O sea, ya está grande y sigue en una banda. Dice que puedo diseñar portadas de discos. O sea, me gusta mucho la música, pero tampoco soy tonto, no me voy a volver famoso tocando en [REDACTED].


Nomás pa’ que quede claro. Mi vida iba muy bien hasta que me sacaron al mundo, a la vida escolar. Pinté con los dedos y recorté cosas un rato, memoricé muchas letras, fechas y fórmulas. En todo ese tiempo no recuerdo que nadie alguna vez me haya preguntado qué quería ser de grande ni mucho menos en qué creía que era bueno o qué habilidades creía tener que me pudieran servir en el futuro. Todo era cumplir con esto y aquello sin saber por qué. La meta, al final, estaba ahí, el camino estaba trazado. No había tanto qué pensar, especialmente porque yo no creía que iba a ser adulto. Con esto último quiero decir que yo de verdad no alcanzaba a ver el hecho de que, en algún momento, como a todos los seres humanos les sucede, me iba a convertir en un adulto.


Tampoco voy a decir que me sentía perdido, pero me suena muy familiar a eso que Norman escribió* sobre formular una solución y seguir un rumbo correcto de acuerdo a esa solución, aunque puede pasar que sea el problema detectado el que no es el correcto.


En el camino, sin embargo, conocí la música: el rock, el grunge y el metal de varios sabores, pero el que más me conquistó fue el punk rock. Nunca me llegué a convertir en un adolescente rebelde, pero sí estuve en un par de bandas y, lo más importante, fui formando una ideología basada en cuestionar. Bueno, cuando eres adolescente, raramente cuestionas las cosas desde un punto de vista razonable, pero vas aprendiendo.


En fin, que una buena parte de mi vida sólo me dejé llevar, pero de alguna manera decidí volver a pintar con los dedos y a recortar cosas otro rato, pero esta vez, aunque con reglas más estrictas, me parecía que representaba algo nuevo que valía la pena explorar, algo más libre y flexible, aunque no tuviera bien claro de qué se trataba. Así fue más o menos como decidí estudiar diseño gráfico. Y aquí andamos desde entonces.



Listo, ya había elegido una carrera para estudiar. ¿Y luego?


Otra vez la misma historia: ya en los últimos semestres y yo seguía sin pensar en el futuro. No tenía idea en qué iba a trabajar ni dónde. Aún no creía que iba a ser adulto.


Pero bueno, me gustaba el diseño editorial, así que suponía que algo iba a salir de eso. Error.


Luego de terminar la universidad, como la mayoría, tuve que enfrentarme al mundo real y en ese mundo real ubicado en un Tampico que se encontraba apenas saliendo de las consecuencias de la guerra contra el narco, parecía que mi futuro no lo iba a encontrar por allá. Vendí algunas cosas y me mudé a la gran ciudad para probar mi suerte. Fue en esta primera mitad del 2013 cuando de verdad comenzó todo.


El primer golpe de realidad al salir al mundo no fue tan fuerte, pero sí que fue definitivo: no había muchísima oferta laboral (y menos bien pagada) en el mundo editorial para alguien sin experiencia, pero sí que había en diseño web. Apliqué con miedo a algunas vacantes y en dos o tres semanas ya tenía mi primer trabajo: un pequeño infierno de explotación, sueldo bajo, malos jefes y peores tratos. Ah, sí, y diseño web.


Por lo demás, la verdad es que esta ciudad tenía para ofrecer todo lo que ni siquiera sabía que quería y mucho más. Por fin sentí que estaba en un lugar en el que de hecho quería estar y desde entonces he actuado de acuerdo a ello.


Con los años me fui enfrentando a todas esas cosas que uno vive cuando se sale de casa, además de las que uno vive cuando se va de su ciudad natal: mantener tu trabajo, pagar la renta, aprender a cocinar, comer bien, hacer trámites, buscar tu clínica del IMSS...


Cambié de trabajo una vez y luego otra y así llegué hasta acá, donde ya llevo 7 años, pero fue en el segundo trabajo en el que la cosa comenzó a ponerse buena, pues comencé a aplicar los principios del UX antes de saber que algo llamado UX existía. Además, comenzar a trabajar junto a un equipo de desarrollo me ayudó a entender cómo funcionan las cosas más allá del diseño y a familiarizarme un poco con la manera de trabajar de los desarrolladores y cómo esperan recibir los recursos de parte del diseñador. Ahora estoy convencido que fue todo lo que aprendí en esa primera experiencia con el trabajo colaborativo, lo que me motivó a seguir por esta rama del diseño.


En el aspecto laboral fui ganando conocimiento y experiencia y tratando con personas en diferentes roles (desde otros diseñadores hasta líderes de empresas que hablaban en otro idioma), pero curiosamente uno de los retos más grandes que he enfrentado no lo encontré en mi vida laboral ni personal, si no en un punto intermedio: Acepté ser administrador de mi edificio.


Era finales de 2021, la parte más complicada de la pandemia había pasado y no estaba pasando mucho en mi vida, así que cuando me eligieron por votación, no creí tener una buena razón para negarme. Además me habían asegurado que sólo tendría que reunir el dinero del mantenimiento, pagar servicios y resolver alguna cosilla cada cierto tiempo. Jamás me habían engañado tan brutalmente.


Imagina un edificio de 42 departamentos, con los ocupantes de cada uno viendo por sus propios intereses y, por lo mismo, sin muchas ganas de llegar a cualquier tipo de acuerdo que no les acomode o que les haga mover un dedo. Una tarea simple como reemplazar la chapa de la puerta principal se convertía en largas juntas e innumerables discusiones que a su vez se volvían peleas entre vecinos en las que nadie escuchaba a nadie. Nunca había tenido que poner en práctica mis habilidades de escucha, negociación y resolución de problemas como durante ese año, el más largo y estresante de mi vida.



Fue justo esta experiencia la que me hizo sentirme preparado cuando, en cierto proyecto, detectamos algunas áreas de oportunidad guiño guiño en la comunicación entre el equipo interno y el cliente y en la manera en que éste había decidido llevar el proyecto. Creo que de no haber pasado por eso, no habría logrado ver esto como una oportunidad para ir un poco más allá de mis responsabilidades como diseñador y proponer soluciones al problema que estábamos teniendo.


Mira nomás. De todo se aprende y todo sucede todo el tiempo.


Ahora mismo me estoy preparando para un proyecto personal que considero un poquitito más grande que cualquier otro, pero todo lo que he aprendido hasta ahora (tanto en lo personal como en lo profesional) me ayuda a tener más seguridad de que podré sacarlo adelante porque seguiré aprendiendo. Y claro, como siempre, con el apoyo de un montón de gente.


La verdad, para ser alguien que no entendía que en algún momento se iba a convertir en adulto, creo que puedo decir que no lo estoy haciendo tan mal.


Y me parece que soy muy afortunado por eso.


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